"Cuando pronuncias, piensas, intuyes o escribes "Jesús", te quitas de un tirón a los demonios de encima". Para comprender bien esto, te recomendamos leer (y ver el vídeo):




"Nuestra búsqueda de la verdad es constante, por etapas, y el inconformismo e imperfección humanos nos deja cerca de una realidad: lo que hoy damos por bueno, tal vez mañana lo eliminemos, de este sitio y de nuestros principios"

Saludos a quienes nos ven desde: Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Austria, Bangladés, Bélgica, Belice, Bolivia, Bosnia-Herzegovina, Brasil, Bulgaria, Cabo Verde, Camboya, Canadá, Chequia, Chile, China, Colombia, Corea del Sur, Costa de Marfil, Costa Rica, Cuba, Dinamarca, Ecuador, Egipto, El Salvador, Emiratos Árabes Unidos, Eslovaquia, Estados Unidos, España, Finlandia, Francia, Georgia, Ghana, Grecia, Guatemala, Honduras, Hong Kong, Hungría, India, Indonesia, Japón, Kenia, Irlanda, Israel, Italia, Letonia, Líbano, Malasia, Malta, Marruecos, México, Nepal, Nicaragua, Noruega, Países Bajos, Pakistán, Panamá, Paraguay, Perú, Polinesia Francesa, Polonia, Portugal, Puerto Rico, Reino Unido, República Checa, República Dominicana, Rumanía, Rusia, Singapur, Sri Lanka, Sudáfrica, Suecia, Suiza, Tailandia, Taiwán, Túnez, Turquía, Ucrania, Uruguay, Venezuela, Vietnam...


COLABORACIÓN MUTUA

Podemos insertar tu obra: plástica, relato, novela, ensayo -si la temática es disidente (no necesariamente), heterodoxa, etc.-, por entregas..., y poemas (de todo tipo)... Otros poetas (Ana Mª Espinosa, Belquis Castillo, David González, Kety Alejandrina Lis, Laura Giordani, Luis Antonio de Villena y Víctor Gómez Ferrer) han intervenido aquí hace años. Muchas gracias a todos.

Escaleras de caracol



       Madrid se adormece bajo un cielo fantasmagórico. De paleta compuesta por amarillos, de erupciones solares y azafrán. Por naranjas, de gato persa y corteza anaranjada, y por grises, de cemento y ballena. Esta ciudad es una constelación de estrellas, medias lunas y almenas irregulares. Cae, a la diestra, pero los bloques resisten, pegados a la tierra. Ésta respira a la altura de los campos y las montañas, y su sangre le circula a través de ríos subterráneos. Aquélla, a base de alcantarillas inspira, y su corazón late, sístole y diástole, mediante ciegos drenes. 

       Sentada en una pila de cuatro sacos de yeso observa el atardecer madrileño de un mes de mayo, en el epicentro primaveral. Si sus nalgas se acuestan sobre esos aditivos, su columna vertebral descansa sobre los almohadones carnosos. Lucía medita. Juega con sus pies, restregando las suelas de sus zapatos sobre un suelo de arena y arcilla. Dibuja figuras helicoidales y piensa en escaleras de caracol. Había llegado hasta allí, cansada, buscándolo. Ahora mira a su alrededor y todo son materiales y estructuras de la construcción. Recuerda las conversaciones de su padre y su hermano. Ambos son albañiles, su oficio familiar. Ya es tarde, pero no puede volver sin él. Frente a sí, la gran colmena se apaga, lentamente, como sus esperanzas. Las abejas fantasma lucen como boquillas, sobre aristas metálicas. Un leve viento del sur zumba, y una cornisa desprende partículas de limo. Se decidió a entrar en la obra. Como testigos, las estrellas, y los ojos o lumbres semi apagadas de fantásticos zánganos y obreras. Muros, pasarelas, plumas, rampas y herramientas tiradas, se vislumbraban por el blanco cisne de una luna de circunferencia perfecta. Sobre una barandilla, en la terraza del primer piso, yacía. Lo llamó, desconsolada, aunque apenas pudo articular palabra. Él, firme, estático. Ella, subió rápidamente por las escaleras diáfanas y atravesó el vano de una puerta. De nuevo, pronunció su nombre, pero ni se inmutó. Deslizó la húmeda palma de su mano derecha por encima del lomo de su gato... Sentada en la misma pila de cuatro sacos de yeso acechaba en la oscuridad. Unos pasos repicaban in crescendo. Se acercaron hasta ella, hasta una distancia prudencial. Alguien chistó, siseó, murmuró. Incluso articuló palabra: -¡Lucía?..., pero no obtuvo respuesta. Se acercó más, hasta el punto de rozar, con timidez absoluta, el hombro de la chica...

       Ha transcurrido un año después de aquello. No soy capaz de pasar por esa calle. Tengo miedo de volver a la memoria del tiempo bucle, el que expira las vidas.





Bastets

Las Naciones Unidas y Palestina I -Georges Zade- (4ª entrega)


PALESTINA Y LA DESINFORMACIÓN

Georges Zade

(4ª entrega)

Las Naciones Unidas y Palestina
I

Para resolver un problema, debemos conocer su origen. Y mientras no conozcamos bien los orígenes del llamado "Conflicto del Medio Oriente", jamás podremos aportar ideas para su solución, o siquiera saber si una idea nos conducirá, realmente, a una paz justa y duradera. Muchas ideas se han lanzado para llevar la paz al Medio Oriente. Muchos planes se han trazado con éste fin, pero la pregunta de siempre es si se basaron en hechos o en deseos. Hasta ahora lo que hemos visto son propuestas basadas en intereses, por ende no podían conducir a algo positivo. Tampoco se puede esperar un resultado positivo teniendo como base, sólo, el deseo de llevar la paz.

Si la meta de la comunidad internacional es llevar la paz a ésa región, lo primero que debe hacer es una autocrítica sobre su conducta a lo largo de todos los años que lleva el conflicto, luego se podrá llegar a discutir, con realismo, las soluciones. Porque consideramos que sí existen soluciones justas, sólo falta la voluntad de los que, se supone, dirigen el mundo, o, por lo menos, que reglamentan las relaciones entre los estados, entre los pueblos, entre las naciones .... deben tomar la decisión definitiva de dejar los prejuicios y las discriminaciones, y pensar en el bien común. Dicho de otra forma, no hacer al otro lo que no quiero que me hagan a mí.
No consideramos necesario ir muy atrás en la historia para visualizar los acontecimientos en su justa dimensión. Dentro de éste contexto, vamos a relatar un poco lo acontecido desde comienzos del siglo XX.

En 1916, Francia, representada por Charles Georges Picot, y Gran Bretaña, por Mark Sykes, llegaron a un acuerdo secreto para el reparto de las posesiones turcas en el Medio Oriente, una vez finalizada la Primera Guerra Mundial (Ver Anexo 2). El acuerdo lleva el nombre de sus autores, "Acuerdo Sykes-Picot". En éste acuerdo tambien incluía a Rusia que buscaba cumplir con un viejo sueño de una entrada al Mar Mediterráneo, a través del estrecho de los Dardanelos. Cuando llegan los Bolcheviques al poder, en Rusia, firman un tratado de paz con Alemania, en 1918, (Brest-Litovsk). Al firmarse éste acuerdo, los británicos y los franceses, se sintieron liberados del compromiso con Rusia. Vale la pena mencionar que al llegar los bolvechiques al poder, sacaron a la luz pública documentos y tratados secretos de la época Zarista, entre los cuales se encontraba el Acuerdo Sykes-Picot.

Mientras finalizaban el acuerdo, los británicos buscaron ganarse el apoyo de diversas fuerzas árabes para que organizaran una rebelión contra los otomanos, prometiéndoles independencia y gobierno propio después de la guerra, para un Estado Arabe unificado, en todo el territorio liberado de los otomanos, desde Siria hasta Yemen. Claro que Gran Bretaña no tenía intención de cumplir con dicha promesa puesto que contradecía el Acuerdo Sykes-Picot.

Esto condujo a que Siria, Irak, Líbano, Jordania y Palestina, hasta entonces en manos turcas, fueran divididos en áreas administradas por británicos (Iraq y Jordania) y franceses (Siria y Libano). Palestina quedó algo indefinida. Que luego llevó a la división de la región en los estados como los conocemos hoy, aunque con la salvedad que Palestina sigue siendo indefinida.

Arthur James Balfour, Primer Ministro de Gran Bretaña, 1902-1905 y luego ocupó el cargo de Secretario de Asuntos Exteriores, 1916-1919. Se hizo famoso a través de la tristemente célebre "Declaración Balfour", que no era más que una carta dirigida a Lord Rothschild, el 02 de Noviembre de 1917, con el fin de lograr el apoyo de la comunidad Judía en la Primera Guerra Mundial. Dicha carta fué publicada en el Times, de Londres, una semana después. (Lord Edmond James Rothschild, era presidente de la Federación Sionista de Gran Bretaña).
2 de noviembre de 1917


Estimado Lord Rothschild:

Inteligencia espiral



       "Si pienso, no es que exista, porque las cosas también existen, sino que tengo la impresión de ser humano: lo que se resiste a ser cosa".


    Si una entidad humana no solo es un cuerpo, la mujer que tengo a mi derecha se comunica conmigo a través de la intuición (Yin) (1) -nos hacemos mutua compañía silenciosa-, si es que ésta estuviera en el interior del cuerpo físico humano. ¿Por qué? Porque ella me vio entrar en el vagón del tren, y tal vez sus ojos informaron a... (no se sabe a qué o quién) ¿A su intuición? Si decimos "a su..." y "tal vez", lo podríamos preguntar así: ¿somos Yin y Yang (la razón), pero también algo más? Ese "algo más" no queda ahí, porque, si nos hemos planteado que "algo" le comunica a los "mellizos" mi entrada en escena, entonces, otra parte de mí mismo se encontraría en otro dominio; además, que "yo" (lo entrecomillamos porque, después de estas elucubraciones y otras, ya no estamos seguros del significado que pueda encerrar) me pregunte ahora estas cuestiones alberga la posibilidad de otra dimensión, más lejana o más próxima (por aquello de la expansión universal y la contracción, hacia lo más pequeño). 

    Hay más hipótesis: que la mente humana desarrolle una inteligencia cíclica. Por ejemplo, observamos un hecho; que yo entre al abrirse las puertas mecánicas y alguien me vea (es uno de los sentidos físicos): Yin y Yang valoran la circunstancia. Después, dos opciones. A; la razón informa a la intuición, o viceversa. B; ambas llegan a alguna conclusión, de manera independiente, y pueden coincidir en el juicio, o no. C; ¿una tercera conciencia, por así decirlo, ha analizado, o analiza, no solo mi acto de presencia, sino las reflexiones y conclusiones a las que llegan Yin y Yang, más o menos instantáneas, más o menos sopesadas, desde otra dimensión, desconocida o inexplicable? El último paso sería: vuelta a empezar (desde los sentidos físicos). Se iniciaría así un ciclo nuevo porque la realidad la vivimos fraccionada en momentos y experiencias; como no queremos perdernos detalle de ninguno de ellos, cerramos fase e iniciamos fase. ¿Toda esta complicación mental es necesaria? Quizá, tal y como está estructurado el sistema, no (alguno diría: ni recomendable), pues parece que el mundo gira y nosotros con él; nos arrastra; es una maquinaria engrasada y milenaria: nosotros, piezas que la engranan, conforman, crean, en un proceso lento pero imparable somos criaturas mitad humana, mitad cosa automatizada. Vicente Aleixandre (2) "estaba contento cuando montaba un caballo de veras, ya que los estribos hechos de hierro aprietan los vientres desnudados". Según él, "todo quiere ser más". Además de que "cada cosa debe estar en su sito, y a él le gusta dormir en un dado". ¿Nos alejamos de la autenticidad humana para conseguir la de las cosas?

     La mentalidad lógica es práctica; si se plantea algo es con un fin. La intuición no se hace preguntas, actúa de manera súbita, cuando es preciso, y vuelve a su origen: el silencio, el vacío: el misterio. Entonces, ¿qué otra trascendencia (humana, suprahumana, divina...) examina estas dos inteligencias?, ¿Yang, que todo lo disecciona?, ¿Yin, que dirige, desde más allá del umbral racional, a la propia razón, y ésta actúa como subordinada de aquélla?... ¿Mantenemos un diálogo constante (Yang, por un lado, Yin por otro; al unísono, alternativamente, o por separado) con esa otra cualidad humana oculta, y esperamos respuestas? ¿Se trataría de la denominada por nosotros "Individualidad"? A pesar de haber reflexionado sobre ello, seguimos sin saber a ciencia cierta qué se esconde, si es que algo se escondiese, tras dicha idea. Siempre estamos con la duda a cuestas, aunque... las preguntas son más excitantes que las respuestas.      






(1) Según Lao Tsé, en su obra "Tao Te Ching", todo ser vivo está compuesto por dos pares de opuestos, yin y yang, y a la energía que los sustenta la llama "Chi". Nosotros hacemos uso de estos términos en un sentido metafórico.

(2) Vicente Aleixandre. "La Destrucción o el Amor". Poema 'Cada cosa, cada cosa'. Editorial tagus, 2006.





poessía

Soledad y libros



      La soledad "es algo" que no tiene compañía; la busca, en soledad. Un bolígrafo BIC encapuchado de azul es una cosa solitaria, que busca acompañante: puede saberse porque sobre la mesa hay uno que apunta con su bolita fina hacia el ratón (que ansía la palma de una mano): ésta escudriña con el dedo índice la ruedecita que sitúa la "I" en la pantalla: algo, de color determinado, habitualmente blanca. Puede estar apagada o ardorosa; si lo último, se convierte en la señora Espera: a que la platiques tus secretos (en la intimidad o a voces). La página de un cuaderno de notas es una esperanza. Cuando escribes sobre ella, revelas dos tipos de secreto; uno, el que dictas a la hoja (necesitas comunicarte); el otro, el que vuelve a tu mente, porque lo lees (auto-comunicación). El boli, el mouse y el monitor son cosas solitarias. En cambio, la escritura es a la soledad lo que el todo a la nada.

     Un libro es un objeto desolado, cuanto más impoluto, más desierto. Me gusta escribir todo tipo de notas y apuntes en el interior de un libro. Con un libro se flirtea: es pasivo, complemento de la actividad de las manos (los virtuales nunca podrán igualar el magnetismo de la obra en papel). Hay libros "niño", libros "adolescente"..., "adulto", "maduro" y "anciano" (también, libros "muerto"; por ejemplo, los quemados en la mítica Biblioteca de Alejandría; incluso libros "fantasma": los que nunca se han escrito). El libro se alimenta de bacterias, de manchas de aceite, de saliva y de tinta, de miradas (condensadas, o indiscretas), de lecturas en voz alta, de críticas y de alabanzas, de pétalos de rosa roja y de aspirar su interior. Los libros son, en cierta medida, como los individuos sociales, porque hay clases: indigentes, obreros, burgueses, nobles y reyes. También se parecen a nosotros, pero a la inversa: cuanto más se repite un ejemplar (copias de sí mismo, imitaciones), más elevado es su rango. A veces, un libro inédito y manuscrito, pasa desapercibido totalmente, y cuando la erosión del tiempo casi lo ha destruido, alguien lo descubre y lo inmortaliza. Hay libros que pasan de mano en mano y son deshojados, descuartizados (es otra manera de mostrarles afecto), pero no mueren del todo, por aquello del Principio de conservación: "la energía ni se crea ni se destruye", y una sola página puede contener enigmas milenarios. 

   La soledad en el ser humano es algo que tiene compañía (*) : la otra soledad.



(*) La compañía de la contradicción.


poessía

Las cosas



    Los quejidos del tren señalan que el tiempo no espera a nadie. El gran gusano llega, recoge su carga, ruge y se aleja. El agujero negro del túnel nos devora, y luego nos regurgita, a cada uno en su galaxia. En el mundo de las cosas cada persona es cosa, ¿qué diferencia hay entre un banco metropolitano horadado metálico de color níquel, un pañuelo usado blanco de papel tirado en el suelo, y un hombre plantado, como un árbol recién talado, en los márgenes de un andén?... Las cosas vociferan: "próxima parada, Jardines de América". Truenan: un Boeing 777 al despegar del Aeropuerto Madrid-Barajas. También piensan: la escultura "El pensador" de Rodin... Ella, con su mano izquierda acaricia la línea donde confluyen las dos páginas del libro que sostiene con la diestra. Su dedo anular es poseído por un anillo de canica niquelada y pulida del tamaño de un gran guisante. Es una bola de cristal y en su interior está el mundo, el mundo de las cosas. Por ejemplo, lo que circunda. Los dedos son los hijos de las manos, cosas. Aquéllas, a veces descansan, sobre un bolso de antelina marrón carmelita, que a su vez reposa en lomos de unos muslos, o simplemente piensan, como piensan las cosas. Las manos son las síntesis de los animales hu-manos. Sostienen muros, contienen pasiones, despiden, dan la bienvenida, y suenan los mocos a los niños. Las manos son los monos que no evolucionaron a humanos (*) . Son esclavas del hombre, elegantes, o ásperas, o cosas. 




(*) Porque tal vez el "mono" (el homínido) fue intervenido por los dioses para convertirse en humano, y nuestras manos serían, pues, sus ma
nos, de monos no evolucionados a humanos.




poessía

Una y otra eternidad




       Le palpitaba la pierna como las cuerdas de un arpa, sentado en su sillón de escay, mientras comía pipas con la mano izquierda, porque con la otra tecleaba el ordenador. De pronto, escuchó una voz cristalina, de un cristal reflectante que destelló los rayos sobre una figurita de porcelana. Se quedó inmóvil, tanto, que el silencio era ruido comparado con su cuerpo quedo. No supo qué hacer, o no quiso hacer, para mantener la paz que inundaba en ese instante la habitación. De un momento eterno se pasaba a otro eterno. La tarde entraba por los poros del aire, para mostrarse sobre la circunferencia gelatinosa del agua, temblorosa de latidos humanos. Las burbujas de la botella dibujaban una constelación estelar. Presagiaban la noche. Una y otra eternidad se alternaban, la realidad y el sueño, la claridad y la penumbra. Un ronroneo de plástico, seguido por un suspiro afilado, deshicieron el embrujo. Despertó del encanto, para tomar conciencia de la aguja vertical e intermitente de la pantalla. Miró a su izquierda y se encontró con sus ojos felinos.

      El sol del atardecer es tangente y entra por la ventana. Caminó a ráfagas de luz hasta las telas bordadas, y separó con sus manos la luna del sol. Miró a su derecha, en un giro de cuello de cisne, y lo vio, chulo y arrogante, deslizarse sobre el hielo del resplandor del piso. Lo siguió con la mirada, y después con las almohadillas de hombre, sigiloso. No halló rastro de él. Lo buscó por toda la casa, sin éxito. Así son ellos, impecables, hasta para esconderse. Más aún, para volverse invisibles. Se dio por humillado y dejó de buscar. Las tinieblas avanzaban a pasos kilométricos, cada pisada cubría un campo entero, y después una manzana de viviendas completa... A las doce en punto sonó el cuco de la casa de al lado, como todas las noches. Esta vez con más decibelios. Habría jurado que el pájaro del reloj cantó en su propia casa. Saltó de la cama con la elasticidad de un ocelote, y en tres segundos llegó al salón. Allí estaba él, jadeante e inmóvil, encima del respaldo del sofá. Su inteligente mirada lo fulminó. Lo evitó y se encaminó hacia la cocina, pero no la alcanzó, porque una voz cristalina, de un cristal de espejos, le reveló la cara de un gato sonriente, perfilada en el marco metálico de una lámina con la figura de Osiris, recuerdo de un viaje a Egipto.


Bastets  
     

De cómo encadena el conocimiento intuitivamente el animal fantástico humano IX



      En esta ocasión vamos a pasar, de la arqueología, la geología y la historia de la humanidad, al Derecho, pero a una idea de la justicia que casa con filosofía política, pues nos centraremos en el epígrafe de un capítulo ("Capacidad y libertad personales") perteneciente a la obra de Amartya Sen (bengalí nacido en 1933) (1) titulada "La idea de la justicia" (Taurus, 2010). Tendremos en cuenta en este mínimo análisis una idea; discurso, y aportaremos nuestro punto de vista, durante el desarrollo y en la conclusión. La cuestión principal, a nuestro modo de ver, se reúne en tres visiones complementarias, una sería la del propio A. Sen, quien defiende las libertades del individuo social como esas capacidades de disfrute y posesión; por otro, la de John Rawls (1921-2002) (2), a quien A. S. analiza en profundidad; aquél, según éste, sostiene la convicción de que hay que pensar en la libertad individual más allá de las ventajas personales; una segunda idea de Sen sería intermedia, pues habla de una "función especial de libertad". Esto último podríamos valuarlo como "elemento discursivo político", término de nuestra cosecha, que vamos a utilizar en este ejercicio analítico. ¿Qué podría ser un elemento discursivo político? Pongamos algunos ejemplos acopiados de este libro "justiciero": "libertad igual"; "igualdad en la utilidad"; "igualdad en los derechos de libertad"; "rechazar razonablemente"; "principio de diferencia"; "prioridad de la libertad"; "dar una cierta prioridad real"; "la libertad es útil"; "matemáticas de la ponderación referencial"; "función especial de la libertad"; etc.   

       Se trata, pues, de conceptos y frases bien-sonantes (o mal, si se leen con sensibilidad poética y no con rigor prosaico), donde "igualdad" y "libertad" suenan a cada instante en las teorías jurídicas, y sobre todo ambigüedad. Luego, la práctica, la realidad cotidiana, pone cada criterio en su lugar. Lo que parece incuestionable es: a) que no hay libertad igual, ni entre personas, porque están muy asentadas las diferencias de clases -la mayoría poco y unos pocos la mayoría (del dinero), lo que se traduce en poder-, ni entre estados, ni entre razas, etc.; b) que sí hay apología eufemística, cuando se echa mano de soportes lingüísticos para llamar a las cosas, no tanto por su nombre, cuanto por su estética razonable; c) la ambigüedad en las pláticas y en los escritos, que es como dejar las cosas a medias, o medio entendidas, o desinformar, o desviar atenciones, o encriptar; d) la utilidad, el utilitarismo, el tal vez excesivo valor que se le concede a lo provechoso y rentable, etc. O sea, hablaríamos de elementos que comúnmente se usan en el habla jurídica, filosófica y política, en discursos descafeinados, incluso a base muchas veces de eufemismos, y en este sentido enlazamos con el encadenamiento anterior, cuando decíamos aquello de: tener "menos sentido que [...] creer en la promesa de los políticos"; y agregamos, tomar al pie de la letra las leyes como si el derecho equivaliese absolutamente a justicia; o asegurar que los filósofos tienen la exclusividad de la inteligencia, aunque habría que valorar sus capacidades racionales, argumentativas, lingüísticas, analíticas, etc., lo cual no es poco, pero quizá no tanto el conocimiento intuitivo.   



(1) Amartya Sen. Catedrático de Filosofía y Economía, Premio Nobel de Economía en 1998. Algo de su obra: ha escrito sobre la desigualdad económica, hambrunas, pobreza, la mujer... "Bienestar, justicia y mercado", 1997; "Sobre ética y economía", 2003; "Identidad y violencia", 2007; "Una
gloria incierta: India y sus contradicciones", 2014.

(2) John Rawls. Estadounidense, teórico del liberalismo, profesor de filosofía política y autor de obras como: "Teoría de la justicia", 1971; Igualdad, libertad y derecho, 1994; "Debate sobre el liberalismo político", 1998.




poessía   




De cómo encadena el conocimiento intuitivamente el animal fantástico humano II



       Como no somos científicos en este blog, no podemos entrar al trapo en cuestiones como mecánica cuántica o mecánica estadística, ni desarrollar análisis de físicos como Albert Einstein, William Gibbs, Ludwig Boltzmann, Wolfgan Pauli, etc., ni en otros temas como casualidad, caos, serendipia, en la materia y en la naturaleza en general. Vienen a cuento estas palabras después de las lecturas de Jacques Bergier, y luego del genio olvidado Roger Boskovich, pero en especial de éste, y de la escucha de un programa radiofónico, "monográficos"(*), en el que se comentan peculiaridades, ideas y experiencias de R. B.: mantuvo una correspondencia con Voltaire (publicado por la editorial Weisterman). En esas cartas se hablaba de: anomalías y excepciones en la naturaleza, campos de fuerza en todo el universo, radiactividad, pero también casualidades, etc., y ello nos lleva por relación al concepto serendipia -cuando nos llega algo sin saber por qué y además no esperábamos ni buscábamos (por resumirlo)-. De esta palabra saltamos hasta otra, sincronicidad, y de ahí a Carl Gustav Jung y la obra que lleva por título el mismo término (Editorial Sirio, 1988).

       Iniciamos esta segunda entrega ("De cómo se encadena el conocimiento intuitivamente") para analizar un poco la idea "sincronicidad" de C. G. Jung. Dejamos que las palabras salgan del extremo del bolígrafo al mismo tiempo que los ojos las contemplan , y se van situando dentro de las casillas del cuaderno cuadriculado, a la vez que la malla las atrapa -todo ello con sincronía-. El propio Jung aclara que no conviene confundir el término "sincronismo" con el de "sincronicidad", pero no vamos a entrar a explicar las diferencias. En cambio, sí trataremos de escribir, errónea o acertadamente, lo que entendamos signifique. Los ejemplos, una vez más, son los maestros guía de todo animal humano. Él expone casos experimentados en sus consultas psiquiátricas: el célebre del escarabajo dorado, donde su paciente habla del sueño que tuvo con un coleóptero, y en plena sesión, un escarabajo choca contra el cristal de la ventanas y queda allí posado. La sincronicidad no parece ser de causas unívocas; es decir, también se da en situaciones comprendidas como premonición. Se puede recordar el caso de dos matrimonios que salen una noche a cenar juntos. Estando en el interior del coche, uno de ellos se percata de que se les cruza un gato negro y se alarma, pero las otras tres personas no le dan importancia y todo queda en pura superstición. Un rato más tarde sufren un accidente y el automóvil da varias vueltas de campana (suceso avalado por nosotros). Otra anécdota: hace años apareció en una ventana (entre la persiana y el cristal) una langosta (o gran saltamontes) sin una pata, coincidió con la enfermedad de alguien cercano a nos, allí permaneció el tiempo que duró el padecimiento; cuando acabó todo, desapareció el insecto y no se le volvió a ver más.  A fin de cuentas, sincronicidad también puede ser casualidad, el problema viene cuando se quiere buscar posibles causas lógicas a tales coincidencias. Jung echa mano del inconsciente colectivo e individual, el mundo onírico, los arquetipos y los símbolos, entre otros elementos, para "justificar" lo no comprensible -por ejemplo, el caso del paciente que sueña con pájaros y después se ve una bandada de ellos en la calle: pájaros-alma-Ba-Egipto-arquetipos-símbolos-. Otra cuestión interesante sería el supuesto hecho de provocar una sincronicidad... Si para llegar al final de una calle, punto que has de alcanzar, estás "obligado" a pasar por debajo de una escalera (hay obras, andamios, etc.), o te das la vuelta y rodeas la manzana, o corres un imaginario riesgo futuro para tu integridad física y/o mental. En cualquier caso, tomes la decisión que sea, podrías inducir que la casualidad que temes se materialice, desde, tal vez, dimensiones de fuerzas energéticas desconocidas, o, por el contrario, desactivarlas -Jung habla del entusiasmo, que aumenta los resultados positivos (una fuerza energética interna-externa)-.

       ¿Qué nos cuenta Jung en la primera parte de esta obra? Nos dice que no hay leyes naturales absolutas; que hay hechos sin causa, además se repiten en diferentes ambientes; se da la simultaneidad; el espacio y el tiempo tal vez son elásticos, y pueden ser dirigidos por la conciencia; el poder humano de la imaginación, de las ocurrencias (a partir de la observación escrupulosa); existen causas misteriosas (desconocidas u ocultas para el conocimiento racional), de manera que solo podríamos calcular posibilidades y estadísticas, pero nada definitivo explicaríamos con ello. Las conexiones que se dan entre distintos hechos son acausales. Hay quien piensa (Schopenhauer, dice el psiquiatra suizo) que puede haber una determinación velada y guía, que actuaría desde las sombras como causa conectora de sincronicidades entre experiencias de diferentes individuos, o acontecimientos -un tipo de causalismo-. Jung expone otros casos: objetos que vuelven a sus propietarios después de años y de manera inverosímil; la telepatía; un hombre que sueña la muerte de un amigo, una hora más tarde de su fallecimiento (comprobado); etc. Queda pospuesto seguir con el análisis de esta complejísima obra jungiana. Mientras tanto, nos dejamos llevar por la intuición, sin rigideces mentales, a ver en qué lugar (o personaje) nos sitúa.




(*) Programa radiofónico dirigido por Juan Antonio Cebrián, titulado "Monográficos Zona Cero, Roger Boskovich, el Tesla del siglo XVIII", en el que intervinieron Jesús Callejo y Carlos Canales.





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