Uno de los grandes misterios es conocer la pronunciación exacta de YHWH o HWHY (Dios bíblico): tetragrámaton; consonantes en hebreo, y que significan, según Éxodo 3:14, "YO SOY EL QUE SOY". En este sitio suele aparecer como Yahvé, pero nuevas indagaciones me aproximarán tal vez a Jehová -pronunciación, según Casiodoro de Reina (siglo XVI), de judíos sefardíes de las consonantes referidas-, o a otro quizá similar.

¡Gloria a Jesucristo!

"Nuestra búsqueda de la verdad es constante, por etapas, y el inconformismo e imperfección humanos nos deja cerca de una realidad: lo que hoy damos por bueno, tal vez mañana lo eliminemos, de este sitio y de nuestros principios".

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COLABORACIÓN MUTUA

Si deseas aportar comentarios e ideas, no dudes en escribirnos: raowl@live.com

Colaboran con nosotros, o han colaborado en los últimos años:Jesús Hidalgo, En la senda del Zahorí, Miguel Rosell Carrillo...


Podemos insertar tu obra: plástica, relato, novela, ensayo -si a temática es disidente (no necesariamente), heterodoxa, etc.-, por entregas..., y poemas (de todo tipo)... Otros poetas (Ana Mª Espinosa, Belquis Castillo, David González, Kety Alejandrina Lis, Laura Giordani, Luis Antonio de Villena y Víctor Gómez Ferrer) han intervenido aquí hace años. Muchas gracias a todos.

POR SU PROPIO PESO







Es importante, con matiz intuitivo, comprender cómo el ser humano es manipulado por las fuerzas que gobiernan la Tierra. Una mentira adquiere el valor de verdad a base de teorías muy ingeniosas y de publicidad: en medios de comunicación, en los mundos académicos (literatura inclusive) y en las versiones apoyadas por el derecho (leyes del poder aparente)... Si un investigador afirma que Carlo Magno no existió(1), lo publica en un libro y en él expone "razones de peso", no ahorra esfuerzos para que su tesis llegue a una gran cantidad de público y se auto avala con indicios y pruebas a través de fuentes diversas, directas e indirectas, pero fiables según preceptos académicos (por contradictorio que pueda parecer), muchos historiadores, catedráticos, periodistas, políticos, etc., se lanzarán a su yugular como vampiros sedientos de sangre, para borrar, ocultar o manipular la tesis aludida (sacrílega, hereje, falsa, malintencionada, ignorante y un sinfín de epítetos con carácter peyorativo).

La dinámica normal (por norma asentada) es creer (fe) en opiniones mayoritarias: por ejemplo, se aprueba un proyecto de ley en una votación democrática (secundada por casi toda la Cámara), entra en vigor dicha ley y al cabo de un tiempo tal vez corto ha de derogarse porque resulta ser un fracaso, asumido por la inmensa mayoría de partidos políticos y opinión pública. Primera conclusión: que novecientas noventa y nueve personas de cada mil crean que Carlo Magno fue un personaje de la vida real, no garantiza que se trate de una verdad irrevocable, siempre que un estudio, por inverosímil que se entienda, contradiga la consideración masiva. Cuando Newton imagina su teoría de la gravedad (después será proclamada a los cuatro vientos) pocos daban crédito, lo cual es habitual cuando surge una teoría revolucionaria; hoy esa teoría está asentada en nuestros cerebros como si se tratara de una verdad incuestionable; pero las refutaciones, bien argumentadas, a esa idea de ley física, ahí están. 

Una pluma que se desprende del cuerpo de un ave en pleno vuelo cae despacio hacia el suelo con un vaivén lento hasta posarse, y no definitivamente, porque cualquier leve golpe de viento la volvería a mover y quizá desplazar uno o dos metros de distancia desde su posición asentada primera. En cambio, una moneda que se nos caiga de las manos bajará verticalmente hacia el piso, en décimas de segundo, por su propio peso. Quédate con esta última idea y reflexiona sobre ella un rato (o dos), a lo mejor cambias de juicio (en cierto sentido) en lo que respecta al concepto gravedad. Puedes mantenerte, en lo mental, en lo aprendido (lo que te han enseñado), o invertir el dogma, o sea, dar el valor de blanco a lo negro o viceversa. La gravedad sería la fuerza magnética que la Tierra ejerce sobre los cuerpos más pesados que el aire; y el peso, el empuje que los mismos cuerpos, por sí mismos, ejercen sobre la Tierra... Tú decides.

La llamada gravedad casa a las mil maravillas con el universo que nos han contado: infinito y de relatividad. El peso tal vez sea el movimiento de las cosas de arriba abajo, caída en vertical, en un espacio sutil, etérico, no denso; dicho también así: lo no comprendido bien, o no enseñado, o no intuido aún (una fuerza desconocida empujaría lo poco condensado hacia lo más). Los cuerpos actúan como imanes, uno de equis masa atrae a otro de inferior masa, atracción de metales de diferente carga eléctrica, o por una parte de ellos compatible, para dicha atracción, con la parte atractiva del cuerpo imantado. El caso de la Tierra no es equivalente al de una gran calamita, porque engulle hacia su cuerpo cualquier carga eléctrica; entonces, ¿qué otras explicaciones podemos dar sobre el concepto gravedad?

Nuestro hábitat es una enorme cosa compuesta por minerales, metales, materia orgánica, etc., al que todo se pega, incluso el aire (o la atmósfera). Como todo está compuesto por partículas, moléculas..., la complejidad caótica de la naturaleza conocida es tal que encabezonarse con decir que sabemos con exactitud su funcionamiento se intuye pedantería o ignorancia soberbia. Es de suponer que la Tierra esté cargada negativa y positivamente, por ello atrae lo negativo y lo positivo, junto o por separado. Segunda conclusión: la sensación que tengo (visual, física e intuitiva) es que "flotamos" sobre la superficie terrestre, en el sentido de desplazamiento sin resistencia severa. Este espacio nos condena a ser tragados más tarde o más temprano. A mayor peso, menor sensación de libertad. Más densidad equivaldría a lo contrario, proporcionalmente, de liberación, física, mental y espiritual. Si estás atrapado en una creencia, atea, científica, religiosa, ortodoxa, académica, heterodoxa..., la que sea, no cambias, no te replanteas, no cuestionas, mantienes tu pensar en una condensación continua, constante e invariable: la sutileza en tu cavilar brillaría por su ausencia.

¿Quién es un científico? (tercera conclusión), ¿alguien que experimenta por sí mismo(2), o alguien que memoriza al dedillo lo que otros han experimentado? Si la respuesta es positiva a la segunda pregunta, no tiene mucho sentido racional refutar teorías que no se hayan aprendido. Hacerlo, en cambio, con un sentido intuitivo, "obliga" a reconocerse a sí mismo, y a otros, que la mente es integral: razón, intuición, instinto y tal vez algo más. Rebatir una hipótesis de Tierra con características y forma no ortodoxas exige experimentación e indagación propias, reflexiones personales, libres, o lo equivalente a no adulteradas.    





(1) Heribert Illig. Una teoría que habla de un tiempo fantasma y de una conspiración de la Iglesia Católica.

(2) Por ejemplo, Erik Verlinde, quien piensa que la teoría de la gravedad es pura ilusión.


Rauvl


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