"Cuando pronuncias, piensas, intuyes o escribes "Jesús", te quitas de un tirón a los demonios de encima". Para comprender bien esto, te recomendamos leer (y ver el vídeo):




"Nuestra búsqueda de la verdad es constante, por etapas, y el inconformismo e imperfección humanos nos deja cerca de una realidad: lo que hoy damos por bueno, tal vez mañana lo eliminemos, de este sitio y de nuestros principios"

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COLABORACIÓN MUTUA

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Inquietud (reinventar un poema de Ana Muela Sopeña: LIBERACIÓN)







LIBERACIÓN

El hombre 
se abrazó al muro. 
Lloró la muerte de su sombra 
y esperó que los pájaros 
le trajeran un mirlo de regalo. 

Pero los pájaros no llegaron. 

Sollozó por la pérdida 
de su amante raptada 
en la tempestad de los crepúsculos. 
Aguardó al alfabeto de los árboles 
para entender el hecho 
con su mente adherida a la luz cuántica. 

Pero las letras nunca se acercaron. 

Se lamentó con copas de cemento 
sobre la lluvia negra 
de sus sueños nocturnos. 

Pero la lluvia negra 
jamás se percató de su presencia. 

Caminó por la senda del instinto 
buscando interiormente 
comprender esa efímera belleza. 

Pero el instinto fue muriendo 
entre las ramas viejas. 

El hombre 
se liberó del muro 
y disolvió su miedo en la utopía.


Ana Muela Sopeña



Inquietud


    En este poema aparece un hombre, como tantos otros, que podemos ver en un paseo regular por las calles de nuestro pueblo o ciudad. Un individuo que se abraza a un muro. Aquí el abrazo simboliza algo, ¿qué será? Si tenemos en cuenta el título (liberación), tal vez busque el apoyo de algo sólido, consistente, fuerte, incluso contradictorio.

    ¿Hay algo más inquietante que una sombra? Parece ser que el hombre se ciñó a la cosa, como quien se aprieta a la calidez de un cuerpo: o huida de la soledad. Parece ser... que la angustia se apoderó de él, ¿y cómo no angustiarse en la más negra de las oscuridades humanas: la pérdida de la consciencia espiritual?

    Ellos, los pájaros (incógnita metafórica que habrá que desvelar en algún "a posteriori"), inteligentes criaturas del mundo poético, del de la esperanza, quizás (adverbio inquietante) eligieran, entre ellos, a un intermediario, para comunicarle a este hombre cierto mensaje salvador; pero la vida es cruel, desde un punto de vista humano, y la nube que separa unos cosmos de otros, en ocasiones resulta una barrera infranqueable. Así la pérdida de un amor, un trabajo, una vida...

    Él se sintió desolado por un suceso fortuito: la distancia entre un ser humano y otro, lo cual siempre es inquietante. La sociedad es una caldera en ebullición continua atizada en cada amanecer. Es una vorágine y un gran laberinto, donde se pierden, y se encuentran, unas almas con otras, en un arder la realidad común, aquélla que nos supera.

    ¿Sólo se sabe desde la razón? Lo decimos por estos versos textuales:

    "aguardó el alfabeto de los árboles
     para entender el hecho
     con su mente adherida a la luz cuántica"

    Esa luz invisible, esa mente plena, ese entendimiento intuitivo, y ese lenguaje universal -en este caso el de la madre naturaleza y el de las plantas-. El hombre (no el héroe de esta inquietud inspirada) se expresa con palabras, con significados encriptados (inquietantes), y es por ello que:

     "las letras nunca se acercaron"

    El artista (Ana Muela Sopeña) gira el orbe, que es como girar el bolígrafo para que el mundo vire, y transforma la vigilia en realidad onírica: lo opaco y oscuro, se antoja, es la apariencia, y no el despertar. En esta coyuntura, en esta experiencia paralela, el personaje pasa desapercibido para las fuerzas tétricas. El hombre (en el más amplio sentido del término) se salva de la sustantividad ordinaria cuando es imperceptible; o sea, en el anonimato no deseado, en la vulgaridad individualista, en un punto recóndito de la masa.

     Este personaje, no obstante, buscó en su arcón alguna respuesta para: 

     "comprender esa efímera belleza"

      Nosotros, optimistas, subjetivos a más no poder y osados, cambiamos la idea "instinto" por la de "intuición", para poder entender el arcano de lo hermoso.

    Ahora, tras una vuelta de tuerca, rotamos el pensar y volvemos a lo instintivo, pues esto que se lee...

     "Pero el instinto fue muriendo
      entre las ramas viejas"

    ...te devuelve al sueño de la vigilia.

    Finalmente:

     "El hombre
     se liberó del muro
     y disolvió su miedo en la utopía"

     Este colofón se lo cedemos a interpretadores rigurosos académicos, y a ti, querido lector. No hemos destripado el poema, tan solo lo hemos reinventado. Son dos los secretos que subyacen: el de la autora y el del propio poema.
  






(con el permiso de Ana Muela Sopeña)






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