"Cuando pronuncias, piensas, intuyes o escribes "Jesús", te quitas de un tirón a los demonios de encima". Para comprender bien esto, te recomendamos leer (y ver el vídeo):




"Nuestra búsqueda de la verdad es constante, por etapas, y el inconformismo e imperfección humanos nos deja cerca de una realidad: lo que hoy damos por bueno, tal vez mañana lo eliminemos, de este sitio y de nuestros principios"

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COLABORACIÓN MUTUA

Si deseas aportar comentarios e ideas, no dudes en escribirnos: raowl@live.com

Colaboran con nosotros, o han colaborado en los últimos años: Felipe Santiago Canepa, Jesús Hidalgo, En la senda del Zahorí, Miguel Rosell Carrillo...



Podemos insertar tu obra: plástica, relato, novela, ensayo -si la temática es disidente (no necesariamente), heterodoxa, etc.-, por entregas..., y poemas (de todo tipo)... Otros poetas (Ana Mª Espinosa, Belquis Castillo, David González, Kety Alejandrina Lis, Laura Giordani, Luis Antonio de Villena y Víctor Gómez Ferrer) han intervenido aquí hace años. Muchas gracias a todos.

El Hombre de la Zancada Prodigiosa





Unos pasos sobre una acera mojada rompen el silencio de la noche, pisadas lentas, de resonancias hondas, de zapatos negros de charol. Un hombre camina siendo el rey de la madrugada en una ciudad desierta, de automóviles, peatones, ruido, voces y otros sonidos varios. El maullido(1) alargado de un gato entra en escena -un gato es un señor vestido de gato (o una gata engalanada de fémina), disfrazado de animal marginal-. Estira la voz para que llegue a su destino: el hombre de la zancada prodigiosa. El individuo misterioso gira su cabeza, una testa rapada y en forma de pera, más de cuarenta y cinco grados, para mirar a sus espaldas y en dirección al maullido. Intuye que éste vino de la oscuridad del otro lado del parque. Se da la vuelta y observa con fijeza, pero no ve más que el movimiento de unas hojas en blanco y negro y nebulosas, y un cielo azul lapislázuli(2)Deja la visión lúgubre del recinto frondoso y se encamina hacia el norte, y pisa sobre los tablones que sirven de firme a un puente desolado. Sobre las maderas hay hojas secas de eucalipto, que forman estrellas, y flores, y letras; con éstas se escriben palabras, por ejemplo LUZ. Un punto luminoso se divisa en el cielo, al otro lado de la pasarela, y no se sabe qué es. El sujeto se reclina sobre la barandilla fría, acerada y sedosa, para mirar (profundo) el agua: un espejo blando y elástico, que distorsiona su cara, una máscara barbuda y afilada con dos agujeros de gusano y una protuberancia indescriptible. No le gusta lo que ve, se retira del escenario y prosigue su andanza hacia el rumbo boreal. A medida que se acerca a la luz siente más y más calor, y lo que es peor, se siente acechado. El acecho es una vibración proveniente del otro lado de la realidad, es decir del sur. Son unas manos invisibles que se posan sobre la nuca del hombre oscuro. Es un punto más tupido que las tinieblas. Una intención velada y escalofriante. El acecho eres tú, un micho oculto, situado al otro lado del marco o pantalla o realidad, porque dilatas tu voz para que arribe a su suerte: el hombre de la palabra incierta; porque vives en la opacidad virtual, donde el tráfico de juicios puede ser confuso o resultar estimulante; porque vienes del sur, un sur aparente, y de la penumbra o sombra fingida. No sabemos quién eres, pero provienes de la distancia, igual que el hombre de la zancada prodigiosa. 




(1) Los gatos, según expertos, emiten unos sesenta maullidos diferentes. 

(2) En el antiguo Egipto se creía que el lapislázuli servía para ponerse en contacto con deidades. Las propiedades curativas y de otra índole positiva para tu salud, física, mental y espiritual de esta gema son tantas, según ciertos criterios, que no las vamos a nombrar aquí, pero sí agregamos, con osadía, otra: el simple hecho de que lo leas, LAPISLÁZULI, ya te alivia (te lo juro por mi tío Arturo). 


Rauvl








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